Desde Cajatambo Perú.

miércoles, 7 de mayo de 2025

Pinceladas cajatambinas. - JUAN CHAMORRO






JUAN CHAMORRO. - Así se llamaba un personaje que vivió entre los años 1945 y 1960, en Cajatambo, junto al puente Cusisaca ( Puente Alegre, en español), por donde la mayor parte de la población cruza el río, cuando tiene necesidad de realizar actividades fuera de la ciudad. En dicho lugar, don Juan Chamorro Chamorro tenía vivienda y administraba un molino de propiedad de la señora Elisa Reyes.i  Su acento en lenguaje quechua no era el de Cajatambo, más bien similar al lenguaje de muchos otros trabajadores provenientes de la Provincia de Dos de Mayo, Huánuco, con quienes tuvimos la suerte de conversar. No parecía tener más que instrucción primaria, talvez incompleta.

 Don Juan fue un personaje popular y muy estimado por el pueblo. Entre sus muchas características estaba el trato afable que brindaba a los animales que empleaba para carga o transporte. Creo que  esta manera de actuar tiene mucha relación con el gran conocimiento y dominio que tenia sobre los toros de lidia. En los años que observé, como niño y como adolescente, pude constatar igual que todo el público espectador, cuánto dominio ejercía sobre los astados, dentro del corral y en plaza. Como todos los años, en las fiestas taurinas, don Juan estaba presente y, era el protagonista principal, al margen de los organizadores y otros elementos importantes.

 Él ingresaba al corral donde estaban encerrados al menos una veintena de toros bravos, premunido de un cabresto;  escogía al que debía salir al ruedo, lo enlazaba y jalando lo sacaba a la plaza como si fuese un manso buey arador. El animal no se resistía a salir; salvo una que otra vez, se le vio tirar de la soga con ligero esfuerzo.

Terminada la faena con ese animal, debía volver al corral. Algunos osados  jóvenes salían al ruedo para tratar de enlazar al animal sin lograrlo, ya que lo hacían de lejos por temor a ser embestidos. Don Juan se le acercaba y le ponía el lazo desde corta y, en acto solitario, lo conducía hacia el corral para, en seguida,  sacar a otro bravo y ponerlo en plaza. Durante la faena en el ruedo, don Juan paseaba cerca de las barandas. En algunas ocasiones, cuando  se encontraba dentro de un grupo de espectadores de a pie, y el toro enfurecido se le vía al grupo, mientras los otros trepaban presurosos a las barandas, don Juan lo recibía con el rollo de cabresto, agitando suavemente cerca del hocico del toro que, como por arte de magia, se tranquilizaba. Obviamente era un gran conocedor del comportamiento de los toros de lidia, dominaba lo que hoy se llama psicología del animal (etología).

Cuando él ya no estaba, he visto a jóvenes voluntarios,  que entre cuatro o cinco jalando de la soga y otros tirando látigo al animal, no lo podían sacar al ruedo, si no es con denodado y reiterado  esfuerzo. Qué tal diferencia!,

Hoy en día todo ha cambiado radicalmente. Las corridas no se realizan en la plazuela delante de la iglesia. Se hace en establecimiento especial, fuera de la ciudad, con tal derroche y lujos que supera largamente a las corridas en Acho, Lima.